Encadenados

Si paseamos por las urbanizaciones del extrarradio de Utrera podremos comprobar una realidad que le es ajena a muchísima gente. En muchos de los chalets y casas de campo nos encontramos la mayoría de las veces con perros encadenados, por lo general, en condiciones extremas.
 

Perros que llevan gran parte de su vida (o toda) encadenados, amarrados a una cadena o cuerda, que en la mayoría de los casos además, es demasiado corta, lo que no les permite apenas movimiento. Cobijos insuficientes o nulos, que en verano les hacen pasar calor, insolaciones, deshidratación y en invierno frío y lluvia que cae sobre ellos sin poder resguardarse. A todo esto se le suma la escasa o nula atención que muchos de sus dueños les dedican, pasando varios días sin ser atendidos, llegando a pasar hambre y sed, a parte de soledad. Provocando en muchos casos estrés en los perros, lo que puede ocasionar conductas agresivas por parte de estos animales.
Muchas familias llevan a estos animales al campo porque llegaron a su residencia habitual siendo un cachorro, y normalmente por capricho de uno de los niños de la casa; pero el cachorro crece y ya es demasiado grande para estar en el domicilio, porque ocupa mucho sitio, porque nadie tiene tiempo de sacarlo a pasear, porque el niño ha perdido el interés por él, porque se hace sus necesidades dentro de la casa (nadie habrá dedicado tiempo a educarle), porque rompe cosas (normalmente porque pasan mucho tiempo solos y se aburren) y un largo etcétera de excusas por las cuales el perro es condenado a vivir encadenado en el campo.

Encadenado para que no destroce el huerto, las flores o simplemente porque la mayoría de las personas piensan que los perros deben estar en el campo amarrados para ser mejores guardianes. Grave error, el perro ladrará por cualquier cosa (ruidos, movimientos, etc.) ya que está aburrido. Quien pretenda entrar en el lugar lo tendrá más fácil, podrá esquivarlo fácilmente o podrá hacerle daño sin que pueda defenderse.
No es difícil delimitarles una zona para que ellos puedan moverse libremente (una valla, una cerca) ni hacerles un cómodo cobijo para evitarles las inclemencias del tiempo ya que ellos nos ofrecen un servicio (tanto de guardas de nuestras propiedades, como de cariño que  profesan cuando ven aparecer a sus dueños).
Los perros encadenados sufren cada minuto de cada día. El confinamiento constante destruye el cuerpo y la mente poco a poco, llevando a animales sociales y juguetones a la desesperación.

Ayúdeles a mejorar su calidad de vida, no es ni difícil ni imposible.  

 


 





 


 





 



 

 

 

 

 



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