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DDEVIDA realizó el pasado verano (año 2005) una campaña llamada “Perros encadenados” en la que ofrecía información sobre este tema, recomendando a los dueños de estos animales mejorarles su calidad de vida; se ofrecía ayuda informativa y personal para poder realizar estas mejoras. Muchas familias llevan a estos animales al campo porque llegaron a su residencia habitual siendo un cachorro, y normalmente por capricho de uno de los niños de la casa; pero el cachorro crece y ya es demasiado grande para estar en el domicilio, porque ocupa mucho sitio, porque nadie tiene tiempo de sacarlo a pasear, porque el niño ha perdido el interés por él, porque se hace sus necesidades dentro de la casa (nadie habrá dedicado tiempo a educarle), porque rompe cosas (normalmente porque pasan mucho tiempo solos y se aburren) y un largo etcétera de excusas por las cuales el perro es condenado a vivir encadenado en el campo. Encadenado para que no destroce el huerto, las flores o simplemente porque la mayoría de las personas piensan que los perros deben estar en el campo amarrados para ser mejores guardianes. Grave error, el perro ladrará por cualquier cosa (ruidos, movimientos, etc.) ya que está aburrido. Quien pretenda entrar en el lugar lo tendrá más fácil, podrá esquivarlo fácilmente o podrá hacerle daño sin que pueda defenderse. No es difícil delimitarles una zona para que ellos puedan moverse libremente (una valla, una cerca) ni hacerles un cómodo cobijo para evitarles las inclemencias del tiempo ya que ellos nos ofrecen un servicio (tanto de guardas de nuestras propiedades, como de cariño que profesan cuando ven aparecer a sus dueños). Los perros encadenados sufren cada minuto de cada día. El confinamiento constante destruye el cuerpo y la mente poco a poco, llevando a animales sociales y juguetones a la desesperación. Ayúdeles a mejorar su calidad de vida, no es ni difícil ni imposible. |